Ruth y Sara

SARA ESTÉBANEZ

La pasión por ayudar y enseñar a los demás siempre estuvo inherente en mí. Empecé mis andaduras enseñando a niños en la escuela. Ahí me di cuenta de la carencia de afecto y lo necesitados que estaban. Sin embargo, a pesar de percatarme de ello, el Sistema Educativo al que pertenecemos no permitía, y sigue sin permitir a día de hoy, el desarrollo de la persona a nivel afectivo y emocional.

Allí pude comprobar cómo los niños eran el vivo reflejo de sus progenitores, eran esponjas que absorbían todo lo que veían en casa y lo imitaban. Sumado a esto estaba el hecho de que en la escuela era imposible llenar por completo ese pequeño corazoncito del amor que tanto necesitaba. Por ello decidí subir de nivel y ponerme a trabajar con los adultos con los que pasaban la mayor parte de su infancia, sus padres/madres y sus parejas. Me eché la manta a la cabeza, dejé mi plaza fija de maestra y empecé a realizar talleres de todo tipo relacionados con el desarrollo y crecimiento personal hasta que un día encontré el coahcing. Esa fue la piedra angular que lo cambió todo. Primero lo viví como cliente. Me gustó y me ayudó tanto, que después pasé a formarme en ello para desde ahí poder ayudar a las familias y así cumplir mi sueño de ayudar a las persona a ser más felices y a vivir una relación plena. La pareja desde ahí puede establecer un vínculo totalmente diferente, primero consigo mismos, y después con sus hijos.

En todo este trayecto apareció Ruth Fernández, psicóloga y sexóloga de formación. Y ahí ya fue el sumun. Ella ha añadido ese valor picantón y divertido a la relación de pareja que en la formación de coach no te dan y que, sin embargo es tan necesario en el día a día de la pareja y que contribuye cada vez más en su unión. Gracias Ruth por todo lo que aportas a mi vida día a día. Gracias.

Y gracias a ti, a vosotros como pareja, por estar ahí y permitirme cumplir mi sueño de tratar de construir un mundo mejor donde empecemos a ser más felices y a disfrutar más y mejor de nuestras vidas. Gracias.

RUTH FERNÁNDEZ

Desde que puedo recordar, las ganas de ayudar a la gente siempre han estado presentes en mi vida. Mis mejores recuerdos, tanto de infancia como de adolescencia, están llenos de la alegría y satisfacción que me producía poder ayudar a los demás a conseguir esa felicidad y tranquilidad que les permitiera disfrutar de la vida en plenitud.

Por esta razón, mi andadura profesional decidí encaminarla hacia una profesión, como es la psicología,  que me permitía poder hacer realidad lo que tanto me gustaba, ayudar a los demás. Mi primer trabajo como psicóloga, lo recuerdo con un inmenso cariño. En él puede comprender, aprender, entender… lo importante que es ayudar a los demás y lo gratificante que es al mismo tiempo observar cómo esa persona a la que has ayudado encamina su vida con serenidad y con plenitud. Pero este primer trabajo, tenía una limitación, la ayuda tan solo se hacía por teléfono, complicando en algunas ocasiones la relación de ayuda que se presta al otro.

En ese primer trabajo, descubrí que la mayoría de las preocupaciones tenían que ver con el amor, la pareja, el sexo, la forma de relacionarse con los demás… apareciendo así ante mí, lo que realmente me gustaba y a lo que quería dedicarme, poder ayudar a la gente a tener relaciones de pareja buenas, sanas, divertidas, llenas de luz y pasión. Ahí tomé la decisión de formarme como Sexóloga y Terapeuta de Pareja y crear un proyecto dedicado a enseñar a la gente a priorizar el amor, a ser felices, y…. a disfrutar de la vida. Pero a este proyecto le faltaba una pieza.

Un día apareció esa pieza que faltaba en el proceso de creación de mi proyecto, ella es Sara. Con su formación de Coach, y su forma de ser,  hizo fácil lo difícil, transformó a palabras las ideas que estaban en mi cabeza. Su sabiduría y visión de futuro, y sus ganas de ayudar al mundo, completó lo que faltaba. Esto permitió que las dos juntas pudiéramos crear  un equipo completo, complementario y compenetrado que disfruta trabajando juntas, con un objetivo común, ayudar a los demás.

Gracias Sara, por ser la pieza que faltaba.