¿Es trascendente para ti lo que opinen los demás de ti? ¿O, por el contrario te sientes indiferente ante ello? Si eres de las que consideran que quien ha de valorar sus acciones son los que le rodean, te invito a que sigas leyendo este artículo.

Hay personas para las cuales el prestigio y la reputación son de vital importancia y viven del “qué dirán”. Para éstos, el centro de sus acciones y de la toma de sus decisiones pasa por el filtro y el visto bueno de la gente que vive en su entorno.

El problema es que no se dan cuenta de que están poniendo la responsabilidad de sus vidas en manos de otras personas, por lo que dejan de ser los protagonistas para pasar a ser una marioneta controlada por otro.

A lo mejor, al principio, uno no se da cuenta de las repercusiones de adoptar puntos de vista contrarios a los suyos y llevar a cabo acciones con las que no vibra, pero las consecuencias a largo plazo no son nada beneficiosas. Te apartan de lo que tú eres en verdad, de tu esencia. Te saca de tu camino y te llevan a un lugar que no es el que realmente deseas, lo que te impide alcanzar tu propia felicidad.

La vida es una carretera que nadie puede transitar por ti. La tienes que recorrer tú. Cada paso que des, cada decisión que tomes, deben ser realizados desde tu propio ser, tu propia esencia. Esto no quita que pidas consejo a los demás. Pero, al final, quien ha de atravesar el sendero de tu vida eres tú mismo o misma.

Cada uno de nosotros tenemos una travesía propia que nos lleva hacia un lugar determinado. La clave está en que descubras hacia dónde quieres dirigirte y después tomes acción y te encamines hacia allí. Unas veces, parte de esa senda la recorremos junto a otros. Y en otras ocasiones, habremos de andarla solos con nosotros mismos. Pero, si nuestros pasos nos encaminan hacia el lugar al que deseamos llegar, podremos sentirnos bien con nosotros mismos.

El problema surge cuando nos sentimos incapaces que de llevar la contraria a nuestros padres, amigos, pareja… por miedo a las consecuencias. Tememos el castigo que no puedan infligir, que nos dejen de querer si no hacemos lo que ellos quieren y nos abandonen, que nos pidan la separación y se marchen con otra persona… Aquí podemos poner infinidad de repercusiones que nos atemorizan y paralizan.

La cuestión es, ¿qué es lo quieres tú para ti mismo o misma en tu vida? Esa es la clave. Nadie tiene derecho a decidir por ti. Por lo que te invito a que te plantees las siguientes cuestiones: ¿Qué te hace feliz? ¿Cuáles son tus objetivos? ¿Qué acciones has de llevar a cabo para alcanzarlos? ¿Hacia dónde se encamina tu vida? Plantéate una meta.

Cuando me encuentro con personas que se sienten infelices en sus vidas y no encuentran el porqué de su desdicha, lo primero que les pregunto es por sus propósitos de vida. La mayoría de ellos no saben responderme. Viven el día a día sin un rumbo o una dirección a la que dirigirse. Su vida es un sinsentido. Por eso te pregunto, ¿hacia dónde quieres ir? ¿Dónde quieres llegar?

Cuando ya sabes le dirección que poner en tu GPS, ya puedes tomar las acciones necesarias para llegar a tu meta.

El problema, es que cuando no tenemos un lugar hacia dónde ir, los demás se permiten el “lujo” de decidir por nosotros. Pero te digo una cosa, si alguien trata de tomar las decisiones por ti y de cambiar como tú eres y, por ende, la dirección de tu brújula, te invito a que te preguntes si realmente esa persona te quiere. Cuando uno ama de verdad a un ser, no trata de cambiarle y moldearle a su gusto. Le acepta tal, como es. Con sus defectos y sus virtudes.

Por todo ello, la próxima vez que tengas que tomar una decisión, te invito a que te sientes contigo mismo o misma y medites sobre los pros y los contras desde ti, no desde lo que el otro diga o haga. Analiza qué posibilidades son las que te llevan a tu objetivo final. El tuyo, no el de otro. Responsabilízate de tu propia vida. Coge las riendas de tu caballo desbocado y sé el protagonista de la película.

La gente que de verdad te quiere estará ahí contigo en el sendero que tú has decidido recorrer. Los que no te amen de verdad y traten de ser los conductores de tu trayecto, déjales que se aparten y vayan por su propio camino. Cada uno tiene el suyo. Tú encárgate de caminar por el tuyo.

Quien realmente tiene que valorar lo que haces eres tú. La opinión de los demás es algo secundario.

-Sara Estébanez-

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