Esta frase con la que observáis que comienza el artículo de hoy, es bastante común oírsela a la gente. Es más, hay una gran parte de la población que uno de sus comentarios más habituales es “estoy inquieto y no sé por qué”. Es probable que tú que ahora estás leyendo esto te haya pasado o te esté pasando actualmente.

Esa frase es la mejor expresión para la ansiedad. Esa sensación interna que muchas veces tenemos y que la gran mayoría de las veces no sabemos de dónde procede. Buscamos en el exterior para buscar el objeto o sujeto causante de nuestra inquietud y no aparece.

Es momento de pararse y tomar conciencia que la gran mayoría de las veces la ansiedad que sentimos procede de nuestro propio interior. Concretamente de nuestra mente, que nos está avisando que algo en nuestra vida no está del todo bien, no nos gusta, o que estamos pensando demasiado.

La ansiedad es una respuesta emocional que en determinados momentos o ante determinadas situaciones puede ser adaptativa: un examen, una entrevista de trabajo…Una vez pasada estos acontecimientos la ansiedad remite y volvemos a un estado de normalidad.

El problema surge cuando no ha pasado nada que objetivamente haga que nuestro cuerpo reaccione con ansiedad y estemos una temporada larga con esa sensación de inquietud de manera permanente.

Es aquí cuando hemos de pararnos a reflexionar qué es lo que nos está ocurriendo para encontrarnos en un estado de inquietud permanente. En este caso la ansiedad viene a reflejarnos algo que no está bien en nuestra vida, o que no estamos yendo por el camino adecuado y es momento de darle un giro.

También es probable que sin darnos cuenta tengamos enchufado el bucle mental todo el tiempo, y este bucle es el mayor generador de ansiedad que tenemos los seres humanos. Es como si en la cabeza se hubiera instalado una centrifugadora de información de manera permanente.

Todo ese nivel de pensamiento permanente hace que nuestro cuerpo empiece a estar mal, incómodo, inquieto sin saber muy bien porqué. Y estas sensaciones corporales, al mismo tiempo, generan mayor nivel de pensamiento. Es como estar metido en una rueda sin parar.

Si os sentís de esta forma y creéis que no hay motivo externo que justifique vuestro estado emocional, os recomendamos parar y revisar qué está pasando por la mente en ese momento. Es probable que estéis en bucle. Es hora de salir de ahí.

Lo primero es tomar conciencia qué es lo que me está pasando. Reconocer que tengo ansiedad y que me la estoy provocando yo mentalmente. Después y con un poco de entrenamiento hay que identificar qué tipo de bucle de pensamiento estamos teniendo.

Esto es lo primero que tenemos que hacer.

La semana que viene seguimos con más sobre la ansiedad y cómo irla desmontando paso a paso.

-Ruth Fernández-