¡Qué razón tenían los sabios cuando decían que nunca es tarde para aprender!

Mira que llevo tiempo con mi pareja y hemos hecho infinidad de cosas juntos. Pero siempre tratamos de buscar momentos y situaciones en las que hacer algo nuevo o de diferente modo para después analizar los pros y los contras. Y eso es lo que hicimos ayer.

A nivel sexual hemos probado infinidad de juegos y de posturas, pero sobre este tema variedades hay tantas, que no sé si llegaremos a probarlas todas. Si no, que se lo digan al libro de “El kamasutra”. Éste transmite las enseñanzas eróticas de la India en épocas muy remotas. Es el tratado de amor por excelencia.

Tanto es así, que lo tenemos como libro de mesilla mi chico y yo. Los dos lo leemos a ratos, miramos posturas y, las que más nos llaman la atención, las practicamos. Y eso es lo que hicimos ayer.

Él había elegido una postura nueva que le apetecía probar. Al principio, me pareció algo incómoda e “impersonal”. Eso de dar la espalda a tu pareja y no poder mirarle a la cara mientras consumas el acto sexual me daba la sensación de frío y lejanía con respecto el uno al otro. Pero luego, la realidad fue otra.

Me puse de rodillas en la cama a cuatro patas y él se puso por detrás. Ahhh… Menudo disfrute de lujuria y pasión. Su pene entró libremente en mi cavidad con una libertad y una suavidad que nunca había tenido. El rozamiento y el recorrido me permitían disfrutar de toda su embreadura. Y por si era poco, según iba realizando su sutil baile, haciendo los movimientos de avance y retroceso, algo empezó a golpear mi clítoris.

No sabía qué era lo que estaba llevándome al éxtasis total. Eran pequeños golpecitos que hacían que mi excitación fuese in crescendo cada vez más. Tanto fue así, que llegué el éxtasis final en un abrir y cerrar de ojos. El placer que sentí fue indescriptible.

Después le pregunté. ¿Qué había hecho? ¿Con qué me estaba golpeando hasta llevarme al summum? Al principio pensaba que estaba utilizando algún objeto, pero me confesó que todo fue natural. No había usado más que su propio cuerpo. Así es como llegué a la conclusión de que fueron sus testículos los artífices de tanto goce y disfrute.

Habíamos encontrado otra función y otra razón para que todo el aparato reproductor masculino se encontrase en el exterior de su cuerpo.

¿Sabes a qué postura me refiero? “Al perrito”. ¿La has probado tú alguna vez? Si no la has practicado nunca, te recomiendo que la pruebes. Y si has tenido alguna experiencia divertida con ella que te gustaría compartir con todos nosotros, te invitamos a que nos escribas aquí.

-Sara Estébanez-

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