Muchas veces creemos que conocemos a nuestra pareja al 100%, pero esto, en la mayoría de los casos, por no decir en todos, no es así. Siempre queda algún resquicio, alguna cosa que desconocemos de ella, un sentimiento, una necesidad, alguna vivencia del pasado que le ha dejado marcada…, infinitas cosas.

Por eso hoy te voy a proponer un ejercicio.

Vete con tu pareja a un lugar tranquilo donde nada ni nadie os pueda molestar. Y una vez que estéis allí los dos solos pídele que te hable de ella misma. Que te cuente sus sueños de cuando era pequeña, lo que quería ser de mayor, dónde quería vivir, con quién, si a día de hoy son los mismos, por qué sí y por qué no, si siente que ha llegado a conseguirlos. O si no que te cuenta sus miedos, aquello que le limitaba, si le siguen impidiendo llegar a donde desea, para qué cree que estaban o están ahí

Eso sí, mientras te está hablando tú sólo puedes escuchar. Sólo puedes mirar y callar. Mírale a los ojos y escucha, nada más. No vale interpretaciones, opiniones, ni juicios de ningún tipo. Pero aun así, tú sólo eres un mero espectador. Como en una película de cine o una obra de teatro.

Muchas veces creemos que sabemos todo de nuestras parejas, que no nos pueden sorprender con nada nuevo de ellas mismas. Pero no es así. Estoy convencida que haciendo este ejercicio te puedes encontrar más de una sorpresa.

Pero el ejercicio no acaba ahí.

¿Te ha pasado que cuando has ido a algún espectáculo de estos o lo has visto por televisión te has sentido como el protagonista o como algún personaje? ¿Te has visto identificado, como si fueses ese mismo personaje? Pues haz lo mismo con tu pareja. Haz como si te hubieses teletransportado y te hallases dentro de su piel. Como si estuvieses viendo el mundo a través de sus ojos.

Ahora, sabiendo todo esto y sintiendo del mismo que se siente ella, ¿tu percepción de ella y de vuestra relación sigue siendo la misma? Lo más probable con casi total seguridad es que tu respuesta sea “NO”.

Este ejercicio lo podéis hacer tantas veces como os plazca. No hay límites.

Adelante.

-Sara Estébanez-