Hace unos meses que rompí con mi novia de toda la vida. Nos queríamos pero hacía tiempo que habíamos dejado de amarnos. Parecíamos más hermanos o compañeros de piso que pareja, por lo que optamos por dejar la relación y que cada uno se fuera por su lado.

Decidido a tomar las riendas de mi vida otra vez, me apunté al gimnasio y a un sinfín de actividades para reconstruir mi vida. La gran mayoría de mis amigos, o estaban casados o se habían echado novia, con lo que me encontré con 35 años, soltero, sin novia y prácticamente solo. Sin gente con la que salir de fiesta, que era lo que hacía antes de irme a vivir con mi pareja.

En el gimnasio encontré un grupo de gente que más o menos estaba en mi misma situación. Empezamos a quedar y fue en ese momento cuando me di cuenta de que la forma que yo utilizaba para seducir y ligar había pasado de moda. Las cosas ya no se hacían como yo pensaba. ¿Y ahora qué? Me pregunté un día. ¿Cómo se supone que tengo que ligar con la chica que me gusta?

Un buen día me encontré con una vieja amiga. Al ponerle al corriente de mis preocupaciones me invitó a un café y me dijo que me daría 5 consejos que podrían servirme para seducir a la chica que yo quisiera.

Lo primero que me recomendó fue que adoptase un caminar seguro, pero que no debía parece distante. Siempre que la veas, que se te note que confías en ti mismo, que te gustas y que te sientes bien contigo. Vale, esto sé hacerlo, pensé para mí.

Después me explicó que la pasión y el amor empiezan por las miradas. Que es fundamental que mire a los ojos a la mujer a la que quiero seducir. Se trata de conectar mi mirada con la suya, pero sin quedarme fijamente contemplándola. Creo que esto tendré que practicarlo en el espejo. Cada vez que veo a una chica que me gusta, suelo centrar mi atención en cada una de las pastes de su cuerpo dejando de lado sus ojos.

Como tercer consejo me dijo que fuera una persona sincera. Las chicas son muy intuitivas y se dan cuenta en seguida si las estás diciendo la verdad, o les estás contando una milonga. Me puso como ejemplo el caso de los halagos. Puedo hacerlos, pero sin abusar, porque si me paso se notará y la conquista quedará fallida.

En cuarta posición, pero no menos importante, me advirtió de que era fundamental que prestara mucha atención a lo que me dijese ella cuando estuviéramos hablando. Por lo visto, resulta muy seductor que te acuerdes de lo que te está contando. Igual ésta es la parte más complicada para mi, pues suelo tener muy mala memoria. Tendré que procurar remediarlo.

Y para finalizar me aconsejó que fuera cariñoso y atento. Que sacara mi lado tierno, pues, por lo visto, eso es algo que les gusta mucho a las mujeres. Además, no podía caer en el error de que me viera como un amigo. Si eso se daba, estaba perdido. No habría forma de darle la vuelta. Y mi meta de formar pareja con ella se habría ido al garete.

Me había dejado más nervioso de lo que estaba antes. Era demasiada información la que tenía que asimilar. Tanta, que me llevaría bastante tiempo poner en marcha todo lo que me había contado. Aunque creo que seré capaz de hacerlo. Lo que no sé es cuándo lo conseguiré. Aún así le estaba muy agradecido. De todos modos, si no lo lograba, siempre puedo volver a las estrategias antiguas o volver a llamar a mi amiga.

-Ruth Fernández-

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